Cuando tengo ocasión me gusta ir a ver performances. Rara vez me gusta lo que veo. Siempre fallan en la realización, la estética o el contenido y algunas en las tres. El lunes con motivo de la inauguración de los talleres OpenArt disfrutamos de una buena acción.
“Trampa para dos” comienza con dos artistas, uno vestido de blanco y otro de negro,enfrentados en un espacio cerrado con andamios. Cada uno con un rollo de cuerda van tejiendo un entramado que atraviesa el espacio. A medida que trascurre el tiempo, la trama es más espesa. El ritmo aumenta, se nota el esfuerzo, el cansancio y cada vez es más difícil moverse. Se trasmite un agobio que produce una cierta intranquilidad en el espectador. Quedan juntos en el centro, continúan enredándose en una maraña de cuerda de la que no pueden salir. Es la trampa de mostrar lo que no se es. La contradicción de pensar y actuar de distinta manera. Sólo pueden salir si se despojan de su ropa, si mudan de piel, si muestran su verdadero yo, su interior. El blanco queda de negro, el negro de blanco. Salen del recinto. FIN.
Nos tomamos una cerveza y reflexionamos, le damos vueltas a la acción y sacamos distintas interpretaciones que potencian el contenido. Me voy a casa con un buen sabor de boca. ME QUITO EL SOMBRERO. Pero claro, si se trata de Josema Olidén y M. A. Gil es una apuesta segura.
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