Como si constatar que si el objeto artístico contiene imperfecciones, subjetividades, decisiones difíciles de explicar de un modo lógico, hiciesen más patente aun que ese objeto es el resultado de un cerebro humano, de unas manos y de un cuerpo con sus limitaciones. Y de que, con sus imperfecciones y en parte debido a ellas, es único e irrepetible.
No es la máquina (fotográfica) la que hace la imagen, sino el ser humano que hay tras ella.
Os recomiendo el artículo. Es relativamente breve y a mi me resultó muy interesante. Hay muestras de su trabajo, ya que coinciden ahora dos exposiciones suyas en España.
La cámara de Diógenes
Hace unos años, creo recordar que también fue en el semanal de El País, sacaron un reportaje de Miroslav Tichí. Me gusta la imperfección de la que hablas, pero como dice el artículo siempre tiene que haber un cierto control. Chillida barnizaba sus planchas y las dejaba por el taller durante años, estas se iban rayando, estropeando, sin embargo, esta imperfección no era puro azar, sabía lo que quería y en que momento utilizarla. Creo que si no es así, corres el riesgo de que parezca una falta de técnica.
ResponderEliminarTichý parece un ermitaño sacado de un cuadro religioso del siglo XVII, un asceta que ha sabido abandonar este mundo acelerado y consumista y una vez fuera de él, se ha dedicado a observarlo a su manera, con sus medios, llevando a cabo su pasión a toda costa. Es una lección de actitud ante la vida, demostrando tener un valor que la mayoría no tiene. A otros eremitas, después de su paso por el desierto y del autoconocimiento, les da por convertirse en profetas -véase la escultura "El profeta" de Gargallo- de su manera de ver el mundo, pero a Tichý le da por mostranos que con mucho menos de lo que pensamos se puede obtener mucho más de lo que creemos. Es esa "imperfección" la que me parece más interesante, la que subyace en lo que hace, más como "objetivo" o contenido que formalmente, aunque además aparezca en sus aspectos visibles, materiales o tangibles.
ResponderEliminarLuego hay otra cuestión: la de que como seres imperfectos y con limitaciones que somos, siempre se mostrará algo de esa imperfección en nuestro trabajo. No es lo mismo una obra hecha a los veinte años que a los cuarenta. Incluso en el caso de que uno sea un virtuoso, siempre parece que la obra "perfecta" está por llegar, nunca se está del todo contento con el resultado. Esto tambien es muy humano, la búsqueda de algo que no se sabe si existe pero que sí se sueña. La utopía, en fin.